Estuve vacía durante casi seis años. Mi hija murió a los 24 años, y yo revivía constantemente el momento en que la encontré. Durante mucho tiempo, viví en ese instante. No podía dejar de llorar. Lloraba dormida. Lloraba despierta. Me refugié en la cama. Hablé sin parar con terapeutas hasta que sentí que pensaban que yo era casi un espectáculo. Una incluso me dijo que mi vida parecía una película de Wes Anderson. Me recetaron medicamento tras medicamento, y aun así había un vacío en mí con exactamente su forma y tamaño.
Estaba sola. Su hermano gemelo y su padre rara vez, o nunca, hablaban de ella. Nadie decía su nombre.
Tres semanas atrás: vine a Ajijic para un tratamiento de células madre para mi cáncer, del que me han dicho durante la mayor parte de mi vida que moriré con él, no por él. De nuevo: medicamentos, cirugías, intervenciones sin fin. La doctora a la que vine a ver trajo a Mariola. Me dijeron que podía ayudarme con ese vacío. Ella no quiso saber nada de antemano; hablaríamos al día siguiente.
Cuando llegué al día siguiente, Mariola me hizo sentir tan bienvenida y cuidada. Me dijo que mi hija la había estado insistiendo la noche anterior, y que había estado conmigo todo este tiempo. Empezó a contarme cosas que eran inconfundiblemente ella. Reí y lloré, y cuando Mariola me preguntó si estaba lista para dejarla ir, supe que lo estaba. Me explicó que podría sentir mucha soledad sin ella.
Al día siguiente, me sentía ligera. No me derrumbé ante los muchos desencadenantes que el día anterior me habrían destruido. Me sentía más luminosa e incluso empecé a tener ganas de salir al mundo y hacer cosas.
Esa misma noche, recibí una llamada de la persona con la que mi hija salía en el momento de su muerte. No había sabido nada de él en al menos cuatro años y medio. Estaba llorando y completamente sobrepasado por el dolor porque la echaba muchísimo de menos. Había estado bebiendo, y no había bebido desde antes de la última vez que lo vi. Me dijo que recordaba que antes era feliz, pero que ese día sentía que no podría volver a serlo hasta estar con ella.
Le hablé de cómo Mariola la había ayudado a irse, y que él estaba sintiendo su partida, su ausencia. Seguía destrozado, pero entró inmediatamente en rehabilitación, seguido de una casa de sobriedad. Ahora está muy feliz: por ella, por sí mismo y por mí.
Mariola no solo cambió mi vida, sino que las ondas de haber ayudado a mi hija a marcharse han tocado a más personas de las que puedo expresar. Tiendo a alargarme, pero estoy llena de amor y gratitud gracias a Mariola. Déjate ayudar. Creo que ella puede hacerlo.
Tabitha Harrison 61 años, Estados Unidos
Hace ocho años empecé a notar una presencia extraña en casa, la situación duró varios meses. Soy una persona mayor y vivo sola, así que al principio, aunque me sorprendía ver pasar una sombra por el pasillo cada noche mientras estaba en la cama viendo la tele, no me daba miedo. Incluso le hablaba, le decía: “Camarupa, ¿qué quieres?” La sentía, pero no me daba miedo.
Con el tiempo, la cosa fue cambiando. Empecé a sufrir empujones muy fuertes. Me tiraba al suelo y me arrastraba hasta tres o cuatro metros de donde estaba. Esto no pasó una sola vez: entre ocho y diez veces, en distintas ocasiones, me vi en el suelo sin entender cómo había acabado tan lejos. Y cada vez que ocurría, me hacía daño: en la espalda, en la cadera… hasta que una noche me di en la cabeza y me salió un chichón enorme. Ahí sí me asusté de verdad. No por la sombra en sí, sino porque físicamente podía hacerme daño serio. Pero claro, ¿a quién se lo cuenta una?
Cuando se lo conté a Mariola, ella intervino. Se dio cuenta de lo que era y llevó a ese ser a la luz. Desde ese momento, no volvió a pasar nada más. Todo quedó en calma. No he vuelto a ver ni sentir nada, y la paz que siento desde entonces es total.
Mari Carmen Pisón, 83 años, España
Mi experiencia con Mariola en la lectura de mis Registros Akáshicos fue muy sanadora y transformadora.
Desde el primer momento, su energía me transmitió paz, confianza y un gran respeto por mi proceso.
Las respuestas que recibí a través de su canalización fueron claras y llegaron justo al corazón de lo que necesitaba comprender, mis portales tan abiertos a lo sutil. Mariola no solo abrió una puerta a información valiosa para mi crecimiento, sino que lo hizo de una forma amorosa, sin juicios y con una gran sensibilidad.
Gracias a su acompañamiento, pude reconocer y abrazar partes de mí que necesitaban ser vistas.
Recomiendo plenamente su trabajo a quien desee reconectarse consigo mismo y encontrar de cierta manera una guía en el camino.
Dani 30 años, México
Tuve la oportunidad de realizar mis Registros Acáshicos; la cual para mí fue redescubrir mi interior y personalidades ocultas que con las vidas anteriores que salieron descubrí el por qué de mis actitudes y comportamientos. Mariola me hizo comprender y filtrar los acontecimientos de mis vidas pasadas para poderlos aplicar en mi actual vida. Es un renacer con conciencia; definitivamente recomendable la guía y el despertar de tu vida.
Gracias Mariola por tu experiencia y guía.
Sol 49 años, México
Contacté a Mariola porque compré una casa que tenía vibras negativas muy extrañas, sombras raras y una sensación de tristeza. En menos de 24 horas, Mariola limpió por completo la casa de todas esas energías negativas y se sintió completamente diferente. Ahora estoy muy feliz en la casa.
Aparentemente, es común en Ajijic y en general en la Ribera de Chapala que las casas tengan estos problemas porque muchas han sido construidas sobre lugares donde fueron enterrados pueblos indígenas.
Si sientes algo raro, Mariola puede ayudarte.
Janet. 77 años, Canadá.
Quería armonizar mi casa, no quería sentir más esas presencias obscuras y me angustiaba la forma en que se inquietaba mi Niño. Hoy estoy muy agradecida por el proceso que trabajé con Mariola y al fin quedó limpio nuestro espacio .
Así como descubrir más aspectos profundos en mi vida para sanar, para avanzar y fluir en paz., es como un renacer…. Gracias de corazón Mariola, por toda la paciencia y entrega en este proceso. Las bendiciones se multiplican.
Adriana, 44 años, México
Mariola, fue un regalo haber tenido la oportunidad de conectar con mi mejor amigo en su lecho de muerte a través de ti, él estando completamente inconsciente, intubado y tú sin haberlo conocido de antes, de nada. Fue impresionante sentir sus palabras en tu voz, y únicamente viviendo una experiencia así es que cualquier incrédulo comienza a creer, eres mágica y un maravilloso canal para explicar lo inexplicable, nos diste muchas respuestas a nuestras preguntas y solo puedo decirte gracias, agradezco mucho haberte conocido, un abrazo.
Kathia 41 años, México
He tenido dos sesiones con Mariola Arteseros, y ambas han sido profundamente conmovedoras y transformadoras.
La primera sesión fue una conexión con mis abuelas — un trabajo de sanación ancestral que abrió algo muy profundo dentro de mí. Ella canalizó la energía de mi abuela materna de una forma tan clara que la vi reflejada en su presencia. El mensaje que me transmitió fue el más hermoso que he recibido, no solo para mí, sino para todas las mujeres de mi familia:
“Ama como yo no pude haber amado.”
Ese mensaje transformó algo en mi interior. Trajo paz, claridad y sanación en lugares donde ni siquiera sabía que había dolor. Desde esa lectura, mi relación con mi madre ha florecido como nunca antes.
En la segunda sesión pedí guía sobre este nuevo comienzo — mudarme de nuevo a mi lugar de origen y reconstruir mi vida. Su lectura me ayudó a confiar en el proceso, incluso cuando el camino cambia.
Estoy profundamente agradecida por su don, su integridad, y su capacidad de canalizar mensajes que sanan a través de generaciones. La recomiendo con todo mi corazón.
Índigo, 38 años (EE.UU)
“Quiero expresar mi más profunda gratitud por la hermosa sesión de Registros Akáshicos-Almara que tuve con contigo. Fue una experiencia profundamente sanadora y reveladora. Gracias a tu guía amorosa y clara, pudimos identificar y liberar bloqueos que venían de la línea materna de mi familia. Esto me ha ayudado a tomar conciencia de patrones que ya no me sirven y que sin darme cuenta estaba repitiendo.
Me siento mucho más ligera, con una nueva comprensión de mi historia familiar y de mí misma. Tu presencia fue cálida, compasiva y muy intuitiva. Sentí que estabas verdaderamente conectada y que el espacio que creaste fue seguro y sagrado.
Gracias, de corazón, por tu ayuda. Recomiendo tu trabajo a cualquier persona que esté lista para sanar, liberar y comprender su camino desde una perspectiva más profunda y espiritual. ¡Eternamente agradecida!”
Valerie, 55 años, Atlanta, USA
Mi experiencia con Mariola en terapia ha sido reveladora. Ella es un ser de luz, sensible. Es como el vínculo entre lo humano y lo divino, que puede ver más allá de lo que alcanza la vista. Una guía espiritual que te da las herramientas necesarias para resolver situaciones que venimos arrastrando y que no nos dejan avanzar. Qué afortunada soy de haberla encontrado en el camino. Eternamente agradecida.
Cristina 58 años, Venezuela